
Querida Ansiedad
Te presentas ante mí, como una mariposa revoloteando por el hemisferio derecho de mi cerebro como una legión de hormigas díscolas avanzando por el hipotálamo. Eres como la sensación que produce una prensa empujando mi cuello y mis sienes.
Me dicen, que no siempre llegas así de sutil cuando das el primer aviso. Que antes o después, en algún momento de nuestra vida te sufrimos como una losa que asfixia, no pudiendome olvidar del aire que entra y que sale por mi nariz; los latidos de mi corazón en estéreo, mi cara sin las mejillas, mi cuerpo sin saber donde acomodarse, incapaz de hallar su posición natural y lograr que todo vuelva a ser como antes, y que los minutos tengan segundos, que llueva en el Norte, que oscurezca a las nueve.
Caminas por mi cabeza y aceleras mis pensamientos atropellados y haces que añore la nostalgia de mi normalidad, aunque cuando regreso no soporto la nostalgia de tu ataque y borro las aristas de tu recuerdo porque no quiero conservar tus pasajes ni reproducir mentalmente este malestar tan confuso.
Me haces pensar, buscar una causa blanca, como el estrés, que socialmente esta bién visto, aunque dejandolo aparte procedes de otros campos de cultivo. Allí donde maduran como espigas unas cuantas preguntas sin respuesta.
Espero que desaparezcas pronto o que te quedes guardada en un cajón de mi armario.
Siempre tuya...