
Llevo años intentando entender porqué las personas se quejan tanto.
No me refiero a quienes tienen buenos motivos para hacerlo, sino a quienes no necesitan razones y cualquier cosa es suficiente.Lo que me desconcierta es que no parece liberador ni gratificante el quejarse, al contrario, tanto injustificado lamento termina por lograr que cualquier pequeño incidente acabe siendo efectivamente una desgracia.
No esta mal ser exigentes con nosotros mismos, o criticos con voluntad de análisis, aunque a menudo una vena ácida recorra sienes, frunza ceños y agarrote corazones provocando discursos de amargura, desaliento y cansancio.
Hay que encontrar espacios para leer, desear aún amar o ser amados, aspirar a un mundo más justo y libre, hasta luchar por él,luchar por una amistad y no perder la comunicación son sintomas de cierta buena salud.
Con todo mi cariño para Carmen.