
Si, esta mañana ha vuelto a amanecer, e incluso me ha regalado un pequeño rayo de sol para iluminar el camino que recorro cada día, ese que me lleva por la misma senda una y otra vez, y que unos días me saluda alegre, otros, abatido, pero siempre franco, siempre implacable y sincero hasta el insulto.
Y como cada día, yo lo recorro, unos días con la esperanza de que algún brote resurja en su bordes, otros con la angustia de no encontrarme con que ha marchitado la vida que creí ver renacer.
Unos días, camino descalzo de miserias, otro calzado con los colores de deseos imaginados, inalcanzados y sin que importe las piedras que encontraré en mi transitar, y de un modo u otro, seguiré estirando mis brazos al cielo por ver si soy capaz de tocar con la yema de mis dedos lo que aún no he soñado, lo que aún no he escrito, lo que aún no he palpitado.
Y sabía que algún día, en ese camino, me encontraría contigo y si me encontraba sediento, bebería de tus labios, si me sentía cansado reposaría entre tus brazos, si me sentía abatido renacería entre tus manos y yo, vigilaría tu sueño, y todo sería como antes y como después, como nunca y como siempre.
Hoy te desvelas como mi luz, y tu luz envuelve las sombras de mis decepciones. Que el camino me lleve donde él quiera, pero que lo haga contigo a mi lado, ni delante, ni detrás de mi, tan solo... a mi lado.